Mi camino empezó en 2013, con el nacimiento de mi primer hijo, Nicholas. Viví una cesárea poco respetada (recién lo vi después de 4 horas) y una lactancia durísima. Tras dos meses de grietas, mastitis y lágrimas continuas, pasé a una lactancia diferida, y así logré alimentarlo exclusivamente con leche materna durante 6 meses. Ese inicio me enseñó dos cosas: lo difícil que puede ser la lactancia y lo transformador que es escuchar tu intuición incluso cuando todo parece ir en contra. Ahí nació La Vía Láctea.
Desde entonces me he formado como Asesora de Lactancia, Doula de Parto, Educadora Perinatal y en Salud Mental Perinatal y Alimentación Complementaria, acompañando a miles de familias a transitar su maternidad con más calma, claridad y menos culpa.
En el 2018 llegó Alicia, con un PVDC (parto vaginal después de cesárea) que soñé por años. Su lactancia también tuvo retos, pero logramos un año y medio de lactancia directa, aplicando lo que había aprendido acompañando a tantas mamás.
En el 2023 nació Camila, mi tercera y última bebé, con una cesárea respetada que me ayudó a hacer las paces con muchas cosas. La lactancia volvió a ser intensa: mastitis recurrentes, sobreproducción, reflujo y rechazo al biberón. Además, no encontraba tiempo para armar un banco de leche a pesar de tener todos los juguetes.
Esa etapa me graduó de nuevo como asesora, porque tuve que aplicar, replantear y probar absolutamente todo. Finalmente logramos una transición suave hacia la lactancia mixta (con fórmula) y un destete tan natural que solo descubrí la última toma cuando la vi en la camarita.
En 2024 tuve que poner en pausa mi trabajo; me diagnosticaron hipotiroidismo, hubieron cambios en mi dinámica familiar y sentí el verdadero caos al criar a tres. Así, me di un tiempo para respirar, reorganizarme y cuidar mi salud mental y física.
Esa pausa me permitió volver hoy con más fuerza, más empatía y más herramientas. Estoy retomando mi camino de manera lenta pero segura. Estoy aquí para acompañar a mamás como tú y como yo, que merecemos sentirnos sostenidas, respetadas y libres de culpa en cada etapa. Porque ya lo viví en carne propia: no existe una sola forma de dar de lactar y todas merecemos apoyo real. ¡Gracias por estar aquí!
Dicen que la Vía Láctea nació de un acto de amor a pesar de todo. Según la mitología, la diosa Hera, sin saberlo, derramó unas gotas de su leche mientras amamantaba a Hércules, creando un rastro brillante en el cielo que ahora conocemos como nuestra galaxia.
Esa imagen de conexión, fortaleza y transformación siempre me ha resonado como mamá. Elegí este nombre porque creo que la maternidad es así: cada mamás viviendo en su propia galaxia, llena de retos, aprendizajes y momentos felices. Es un camino que transforma, que ilumina incluso en medio de lo desconocido, y que no deberíamos recorrer solas.
En La Vía Láctea, mi misión es acompañarte desde el embarazo y la lactancia, paso a paso, para que encuentres confianza en cada etapa. Aquí no juzgo tus decisiones; las acompaño, respetando siempre tus necesidades y las de tu familia.
Porque la maternidad es una experiencia transformadora que merece ser vivida con todo el apoyo y amor posibles.